jueves, 19 de marzo de 2015

Capítulo IX: No te despidas del amor, solo de quien no te supo amar.

Olvidar no se trata de borrar el pasado de la noche a la mañana, sino de aceptarlo tal como es, sin mezclar sentimientos.
El tiempo se encargará de aliviar gradualmente las heridas, pero entendiendo que por ahora tenemos que seguir recordando escenas del ayer. 
Recordando, sí, y extrañando mucho, pero con el corazón en paz.



Si ya se sabe, "no hay mal que cien años dure, ni cuerpo que lo aguante"



 Piensa en lo que debes hacer, porque si no te mueves tú, nadie lo hará por ti.

  1. Asimila la "nueva" realidad, que sigue siendo prácticamente la misma salvo sin esa persona a tu lado. A veces la desilusión es buena para poner los pies sobre la tierra y no necesitas nada para tener buenos momentos, solo la sencillez y la pureza de tu corazón. No te preocupes, lo que ha llegar, sucederá y le plantarás cara.
  2. Resígnate a la soledad, tiene su lado chulo y puedes conocerte mejor a ti mismo aunque evidentemente sin abusar de ella.  
  3. Convéncete de que eres independiente, fuerte y autosuficiente y por tanto, que no precisas a nadie para que te lo recuerde o sea tu consorte. El camino es más importante que aquello que te llevó a caminar. 
  4. No temas al cambio; lo peor que te puede suceder en la vida es que no te pase nada. No todo tiene que ser perfecto para ser feliz. 
  5. Mira con optimismo al horizonte. El destino es algo que no debes ver, sino más bien crear; empezar de cero no es tan malo, porque cuando comienzas todo de nuevo, recibes una nueva oportunidad para que las cosas salgan bien. Muchas veces la vida no te dará lo que quieres, no porque no lo merezcas, sino porque mereces mucho más que eso.
No voy a frivolizar con el tema "hay muchos más peces en el mar", porque cuando acaba una relación, es lo menos aconsejable para pensar aunque no tienes que despedirte del amor, solo de quien no te supo amar


Y así como surgen deberes, también llegan los errores
  • Pensar en que podréis reconciliaros, donde se incluye perseguirle, acosarle y demás pérdidas de tiempo (y de TU TIEMPO y  TU DIGNIDAD) que conlleva la obsesión de la mano del ridículo. 
  • Adoptar una actitud cobarde y aferrarte a los buenos recuerdos con él, olvidándote paradógicamente de los malos y del dolor que te infringió.
Eso no es más que una resistencia a la soledad y a anclarse al pasado, que no te llevará a ninguna parte. Es doloroso intentar conservar los deseos intactos cuando su protagonista ha cambiado, de igual modo sufrirás más con lo que imaginas que con lo que en realidad sucede.
Nadie puede volver atrás, pero todos podemos seguir adelante; le querrás con todo tu corazón, pero le acabarás odiando con toda tu inteligencia. El peor enemigo serás tu mismo, y cuando lo comprendas, empezarás a ganar la batalla a la cobardía.
  • Lamentarte en exceso... querrás incluso escapar y que nadie te encuentre. La peor forma de extrañar a alguien no es saber si también te extraña, tal vez sea que no se quedó contigo porque le daba miedo darse cuenta de que tú lo querías como él no sabe quererse. Bien puedes llorar, desahogarte, costará superarlo pero aprenderás a soportarlo; nadie te juzgará por eso, pero hasta que no te queden lágrimas y digas "ya está bien, hasta aquí, ya tuviste demasiadas".
La vida es como un rompecabezas, cada pieza tiene un razón y un por qué, no insistas en colocar piezas donde no caben. Sentirás que los días siguen y vivirás la extraña sensación de que son ellos los que te reviven y que tú eres el tiempo que ellos recorren.
  • Liarte con otra persona, "un clavo saca a otro clavo" es la mayor estupidez que puedes cometer porque solo empeorará las cosas, jugarás con los sentimientos de alguien que no tiene la culpa de nada e irás hacia atrás en vez de avanzar. El problema al acabar la relación es que en vez de aceptar que todo terminó, queremos olvidarnos completamente de esa persona y desde luego, este recurso no es lo más acertado.
  • Pretender pasar de EX a "amigo". Cuando alguien te deja, "se supone" que quiere seguir manteniendo la amistad, ya que tu pareja suele ser (o más bien debería ser) también tu amigo, pero a la hora de la verdad no sólo se rompe con la pareja, sino también con el amigo.  La confianza es como un papel, una vez arrugado, no podrá volver a ser perfecto otra vez.


No hay que tener prisa por lograr el olvido, es más, dudo que llegues a desterrarle de tu corazón, se quedará ahí, imborrable, pero su parcela cada vez se acotará más y más hasta ser pequeña, minúscula. Hasta que no vacíes tu alma de todo lo que te atormente, no podrás llenarla de todo aquello que te hará feliz.

Desconfiarás de todo por miedo a que te suceda otra vez; que te rompan el corazón es doloroso, pero no tan malo como crees: muestra que fuiste valiente para intentarlo.  Al final del camino, siempre habrá una luz de esperanza, así que cruza el río o nunca sabrás lo que te espera en la otra orilla.

No te arrepientas de tu pasado, pero sí de la persona con la que perdiste el tiempo: si fuiste feliz con la persona equivocada, ¡imagínate lo feliz que serás con la indicada! Y recuerda que no hay ningún final real, solo hay un punto en el que dejas de contar una (tu) historia en un capítulo y faltan pues muchos más por llegar. 

miércoles, 11 de febrero de 2015

Capítulo VIII: Tenemos que hablar...

He pensado más de dos veces si atreverme a escribir esta entrada dado que es algo reciente en mi vida y tal vez no le de el enfoque desde la distancia que debiera, pero si este blog es personal y es mi opinión, no sé por qué no debería encajar.


Voy a saltarme todo lo referido a buscar a tu pareja, encontrarla y el famoso eslogan del Moulin Rouge que a todos nos ha fascinado ver y sobre todo experimentar "lo mejor que te puede ocurrir es amar y ser correspondido" porque se supone que sucede antes del "Tenemos que hablar". Lleguemos pues a este punto.  Una cosa es que te dejen y otra dejar, yo he vivido ambas situaciones por lo que puedo colocarme en ambos roles. No digo que "el que tome la decisión" no sufra, pero  "el que recibe la noticia" es obvio que le espera la peor parte.

Si una relación va mal, con demasiados altibajos, choques o discusiones, si realmente el "nosotros" que la formamos nos amamos, somos capaces de vencer todo y seguir juntos. Ninguna relación es perfecta, las crisis están a la orden del día y quien niegue eso, apoyándose en lo idílico, sabe que miente.  Aunque la posibilidad de que el otro te diga: "quiero dejarlo" supera el 90% ya te hueles con tiempo que puede suceder; aún así te dolerá, tal vez menos, pero puedes asimilarlo mejor.

La ruptura puede ser vista desde muchas perspectivas, pero en esta entrada me referiré a lo peor: que la idea de cortar venga del otro.
Te pilla de sorpresa, no sabes qué decir ni qué hacer... buscas una explicación, pero a veces la que te otorga pertenece a  las típicas:


"no eres tú, soy yo", 
"me siento agobiado", 
"necesito un tiempo"
o de esa índole que en absoluto te da respuesta. 

Aunque pensándolo bien, ¿en ese estado lo que salga por su boca te reconfortará? Incluso su frialdad para que lo asimiles y la distancia que pone como si fueras un perro sarnoso te hace sorprenderte si realmente conoces a esa persona y si realmente te ha llegado a querer al comportarse y decir lo que has escuchado. 

Se te cae el mundo a tus pies, y sientes como si el tiempo te succionara antes de conocerle o incluso como si despertaras de un bonito sueño, esa persona se va como si nada y sí, te carcomerá el estómago de la rabia si no pierde el tiempo y al día siguiente "rehace" su vida como si fueras un mal recuerdo o como si nunca hubieras existido. Sin embargo, bien es cierto que el cariño que se pierde por decepción, es aquel que nunca vuelve.

En frío, podrás decir: "tú te lo pierdes", "encontraré a alguien mejor"... pero en esos momentos, cuando vives en tu piel aquello, se apodera de ti un estado de dependencia (que luego verás absurdo). Tus planes inminentes con esa persona que hayas ideado con tiempo, ya no están, los días del calendario se quedan vacíos al igual que tu noción del tiempo al desorientarte y encontrar el rumbo.

Esperar duele, olvidar duele, pero el peor de los sufrimientos es no saber qué decisión tomar. 

sábado, 10 de enero de 2015

Capítulo VII: Si Morfeo me lo permite...

Suelo dormir poco, dependiendo de mi estado de ánimo o mis circunstancias, apoyo a Leonardo da Vinci con su frase «Dormir es perder el tiempo». No obstante, sí que reconozco que doy mucha importancia a los sueños. 

Curiosamente, es un tema con el que hablo con mi amigo Javi, y aunque la temática de éstos sorprende bastante: los hay comunes, eróticos, ilógicos, surrealistas, absurdos pero también simbólicos y que posteriormente a tenerlos, les encuentro significado, sobre todo aquellos en los que se aparecen personas que no conozco, donde algunas también con el tiempo llego sorprendentemente a conocer... 
¿Casualidad o Causalidad? Nunca llegaré a saberlo...
Aunque no seamos capaces de recordar (todo el argumento de) lo que soñamos, sabemos que lo hacemos cuando dormimos. El misterio de este fenómeno ha sido perseguido por la curiosidad humana desde el principio de los tiempos hasta tal punto que hoy en día parece haber sido desvelado: 
«Soñar es como pensar pero de otra forma diferente al tipo de pensamientos que tenemos cuando estamos despiertos. Lo más sorprendente es que podemos llegar a ser capaces de resolver problemas mientras dormimos».  
Nadie parece negar que los sueños reflejan nuestras angustias o traumas que no podemos expresar conscientemente, cuestiones que nuestro cerebro es incapaz de resolver cuando tenemos los ojos abiertos y que aborda solamente cuando dormimos.  
No obstante, hay otro enfoque más: los sueños nos ayudan a resolver problemas. Si queremos solucionar los enigmas que nos acosan, solo hemos de dormir un rato. Si partimos de la premisa de que los sueños son siempre muy visuales y contienen una linea argumental cuya naturaleza es casi ilógica, rara vez el sueño que recordemos será lógico. (Fuente: Neoteo » Tecnología, todos los días)

Todo se complica con las pesadillas, a las que podemos clasificar como una subcategoría del sueño. Es indudable el contenido emocional o atemorizador de las pesadillas, por lo que no es de extrañar que recordemos su detalles vividos al despertar e incluso a lo largo del día por el gran impacto que provocan en nuestra mente. 
A diferencia de los sueños, éstas tienen como propósito mostrar lo que nos inquieta desde dentro a niveles más profundos. Son el claro indicio de temores que debemos reconocer y confrontar, como si nuestro subconsciente nos diera un toque para que prestáramos atención y dejáramos ya de huir, ignorar o rehusar a aceptar una situación particular de nuestra vida. (Fuente:  Misabueso: Comunidad Interactiva)

El mundo de los sueños es un terreno que magistralmente Freud se encargó de estudiar, solo tengo nociones puramente teóricas o mejor llamadas desde enfoque científico  como lo mencionado arriba (a base de introducción)  y al ser tan inmenso, sería complicado de acotar e incluso resumirse a una entrada de este blog. Por ello lo enfocaré ahora a lo personal o visto de otro modo, a lo práctico o mejor referido a ello como basadas en la experiencia.





Los sueños más recurrentes que he tenido han sido tres:
  1. Caer de un precipicio o de cualquier lugar donde sé de sobra que me haré daño o incluso me mataré. Este suele ser tan "real" que a veces me incorporo rápido, con la respiración agitada y sudando. Justamente antes de llegar al suelo.
  2. Caminar con un pie descalzo por la calle mientras que el otro está calzado.
  3. Serpientes, todo tipo de ellas. No es que me ataquen, solo que mi casa se llena de ellas, la rodean y la invaden. No me hacen daño pero me siento angustiado al tener a "semejantes invitadas" que me retienen como si estuviera secuestrado y todo aquel que intenta entrar a ayudarme o que está conmigo en la casa, sale mal parado...

Haciéndome a un lado de lo ilógico de muchos sueños, porque en el TODO siempre habrá elementos prescindibles, incomprensibles, útiles y significativos, bien es sabido que a lo largo de la historia se han relacionado a los sueños con el mundo de los espíritus o el Más Allá  convirtiéndose en su  medio de contacto. No os debe extrañar tal afirmación si habéis leído antes el Capítulo III: ¿Qué pasa cuando morimos?, donde enfoco tal tema con el Más Allá y me sirvo de él para explicar mi perspectiva o creencia.

A donde quiero llegar es que defiendo la teoría de los sueños premonitorios. No creo ser la única persona que ha sabido lo que iba a suceder con horas, días, semanas o meses previos. No me considero vidente, pero es un fenómeno extraño que apoyo porque lo he experimentado. No hay más.

Vinculado a esto último y a diferencia de lo que se crea sobre que los déjà vu, sobre si existen en realidad o la explicación científica de que solo son "impresiones", me inclino a favor de que son "sueños olvidados que viven en mi estado de vigilia".  

Si bien he dicho que somos incapaces de recordar todos nuestros sueños de una noche (donde según se dice, tenemos demasiados y son inconexos entre ellos), el déjà vu es el ejemplo raro de que se quedan tatuados, grabados, anclados, como vosotros lo queráis llamar, en nuestro mundo onírico. 


Mientras que algunos sueños que etiquetamos de relevantes (y sea por la cuestión que sea sí recordamos frente a otros) se convierten en premonitorios y por tanto, no es fácil "dirigirnos" a ellos... los déjà vu por el contrario, parecen conducirnos a un camino más largo que seguir hasta llegar a ellos, ya que al no estar "frescos" tales recuerdos del sueño, tenemos evidentemente esa sensación de que vemos algo por segunda vez pero al estar "desprevenidos" mostramos una sensación de sobrecogimiento, extrañeza o rareza.
Obviamente, si la experiencia que ocurre en ese momento no nos suena, es que es nueva y por tanto, ni nos sobrecoge, ni nos extraña ni la vemos rara, pasará desapercibida porque se unirá a los recuerdos que vivimos cada día, volviéndose insignificante e incluso con el tiempo, irrelevante y olvidada.

A modo de conclusión, siempre defenderé que el universo es demasiado inmenso para poder reducirse a la explicación de un mero mortal... nuestro afán de clasificar y etiquetar todo, reducirlo a la lógica, es una idea absurda que deberíamos asumir y dejar de engañarnos. Los sueños entran en ese grupo, deberíamos dejarlos ser, y cada cual que los interprete como quiera, ya sea el contenido de los mismos o el significado que les otorga.



domingo, 7 de diciembre de 2014

Capítulo VI: Del latín, litteratūra.

cuyo significado según la RAE, "arte que emplea como medio de expresión una lengua".

Aprovecho que el 6 es mi número preferido y la casualidad de que toque tal capítulo para dedicarlo a mi pasión: la literatura. Voy a intentar no desviarme del tema ni hacer testamentos infumables aunque ya os admito que me puedo emocionar y dar parrafadas de infarto.

Si por algo me considero un chico de letras, no es porque me crea el más culto ni mucho menos vaya de ejemplo a seguir en cuanto a ortografía se requiere. Ni me devoro tantos libros como me gustaría (y apuesto que algunos que me estáis leyendo incluso habréis leído más que servidor) ni soy nadie, pese a ser licenciado en Hispánicas, para sentirme ejemplo en cuando a lo lingüístico se refiera.

Con ello perdonad la parrafada pero me refiero a lo que la literatura implica. 



Desde pequeño, mi afición a la lectura vino infundada por unos grandes profesores (y porque la educación era a mi juicio más eficiente y diferente a la de ahora, con sus pros y sus contras, pero eran otros tiempos...). Mis padres no son licenciados, él es electromecánico y mi madre ama de casa con el graduado escolar, si bien tienen estudios inferiores a los universitarios, se involucraban en mi educación lo máximo que podían (y demasiado exigentes en la misma, añadiría).

Sé que suena a tópico, pero señalaría más la implicación de mi madre que la de mi padre, pero sea como fuere, él siempre me reforzó en matemáticas (tablas de multiplicar, ecuaciones, etc,.) y mi madre se encargó de las letras, logrando que fuera al colegio sabiendo ya escribir y leer, no perfectamente pero si con cierta soltura, lo que me otorgaba cierta ventaja respecto a mis compañeros. Recuerdo aún esas tardes en que me estudiaba páginas de libros de texto porque nos preguntaba el profesor al día siguiente y ella lo sostenía en sus brazos mientras yo lo recitaba, muchas veces de memoria... O cuando elaboraba mi primeras fichas de lectura, en pequeños trozos de cartulina y a mano, y ella me las repasaba o las supervisaba para que quedaran perfectas... al mínimo tacho, ¡a repetirlas! Con esto quiero subrayar, que a mi juicio la educación no solo la determina los profesores, también el ambiente en que te muevas.

Todos hemos soñado con ser protagonistas de libros donde nos sumergíamos, nos hemos enamorado hasta de ellos o incluso hemos deseado que sucediera en la realidad. Empecé con cuentos infantiles, luego las colecciones de la editorial de "El Barco de Vapor" infantil y juvenil (naranja y rojo respectivamente eran sus colores) y fui poco a poco subiendo de nivel hasta llegar a El Quijote. A esto se añadiría el descubrimiento de la biblioteca, los préstamos, el afán de crear una propia en casa añadiendo con el paso de los años nuevos libros (actualmente tiene muchos ejemplares pese a que con el dilema del libro digital, el espacio me lo ha agradecido) y sentirme dichoso al contemplarlos en esas estanterías...

Antes de que hiciera Selectividad, ya me decidí por Filología Hispánica, aun sabiendo que muchos adultos ni sabían que era eso (y tenía que decir: "viene a ser profesor de lengua y literatura española pero para secundaria, de ESO para arriba") y otros soltaban que un futuro poco alentador al no tener apenas salidas profesionales salvo la oposición.

Aún así, la filología fue mi elección, donde obviamente me topé con dos ramas predominantes:
asignaturas dedicadas a la literatura y otras a la lingüística, siendo las primeras mi pasión, mi deleite y mi goce mientras que las segundas solían ser mi pesadilla, mi hastío y mis quebraderos de cabeza.
Y no me miréis raro, en toda carrera siempre habrá asignaturas que os encanten y otras que las aborrezcáis con toda vuestra alma, pero tenéis que cursarlas porque forman parte de ella.

Eso si, nada de comparar la lectura voluntaria con la lectura obligatoria, el efecto obviamente no es el mismo, y ya os lo dice uno que "sufrió como Precious" al leer (o intentar comprender más bien) a Jose Francisco de Isla con su Fray Gerundio de Campazas  y que pone por delante a La Celestina antes que la obra protagonizada por Alonso Quijano y Sancho Panza, algo sacrílego para cualquier literato pero qué le vamos a hacer, a mi me hizo más mella el escrito de Fernando de Rojas.

Considero que cualquier persona puede escoger otra carrera y amar la literatura, no obviamente solo es exclusiva de filólogos, sería ya el colmo de la estupidez; no voy a meterme a desarrollar si la vocación va de la mano de la personalidad de cada uno.

Muchas veces me han dicho que utilizo demasiados sarcasmos o incluso la ironía (que no es lo mismo, ya se encargó Dani, un conocido mío, de hacérmelo ver), los hay que recalcan que se me escapan demasiados recursos retóricos como la metáfora, la comparación o incluso la sinestesia (entre otros). Pero donde quiero ir a parar es que como diría Albus Dumbledore en la saga Harry Potter, "la palabra es nuestra fuente inagotable de magia, capaces tanto de infligir heridas como de sanarlas".

Solo diré que tener un libro entre mis manos, leer lo plasmado por un clásico o un autor sin tanta relevancia, es un ejercicio que me encanta y más si lo que leo provoca en mi una emoción, me identifico con ello e incluso podría jurar que podría haberlo escrito yo perfectamente. Esa correspondencia no es solo poesía, es también teatro o prosa.
Quien quiera experimentar este sentimiento y empatizar conmigo, solo ha de leer La Sombra del Viento de Carlos Ruiz Zafón, creo que ningún libro describió mejor mi relación con los libros y el significado que tienen los mismos en mí.

Sin embargo, después de haber escrito esta entrañable entrada, soy aún incapaz de explicar con palabras lo que significa la literatura para mi, lo es todo... y obviamente, como materia de letras, es recomendable enlazarla con otras artes como la historia, la filosofía o el arte (válgame la redundancia) de un siglo en concreto para tener una visión más completa y enriquecedora, así como poder entenderla más fácilmente.



viernes, 7 de noviembre de 2014

Capítulo V: ¿Donde quedó el cortejo?

Fuente: Enrique Serna, Fruta Verde

Tenía pensado escribir una entrada sobre otro tema, pero no pude evitar dar con este fragmento y obviamente comentarlo antes.

Y con ello, sin más preámbulos me dirijo al amor cortés, una concepción platónica y mística del amor.

Un amor secreto, donde un enamorado presenta una total sumisión a una dama (llamémosla "pareja" en terminología gay) y se establece un "sufrimiento" que sorprendentemente le provoca "goce".  Para entendernos, en lo meramente social del feudalismo: transponer la relación vasallo-señor. 
La amada (pareja) siempre se muestra distante respecto a quien la ama, pero a su vez goza de la admiración y de la perfección física y moral de su pretendiente. 
Este amor otorga una estado de gracia a aquel que lo practica y pasa por distintas fases, intentando una comunicación con su amada después de la progresión de estados de ánimo desde ser "suplicante" a ser su "amante". 
Aunque en poesía siempre está de trasfondo un adulterio por parte de la amada, que aquí eludiré porque no me interesa como idea o concepto que quiero destacar, el enamorado sustituye el nombre de su amada por un pseudónimo poético para que solo ella sepa que todo cuanto dice y hace va hacia su persona.

Hoy en día esto se ve reflejado en las películas romanticonas de Hollywood con final predecible, donde se "vomita arcoiris" y el "pastelosismo" está a la orden del día, tan asquerosamente idílicas son que las hacen poco creíbles en la sociedad actual en la que vivimos, provocando ilusiones y las consiguientes decepciones que una vez siendo niños, los cuentos de Disney, se encargaron de sembrar en nosotros. Sí, meramente pura fantasía y magia, algo que desgraciadamente no tiene cabida en esta sociedad "insensible y deshumanizada".

Decidme, con el corazón en el pecho, 
¿quien no ha soñado con seducir o ser seducido lentamente? 
¿quien no ha preferido vivir un amor de película donde un enamorado llamara la atención o demostrara su amor hacia él a base de locuras, hechos o cosas a la que cualquiera no se atrevería? 
¿quien no ha deseado recibir un poema escrito de puño y letra de otra persona donde el papel fuera su cuerpo y la tinta su corazón?  

Y sí, dicen que en una relación, el cortejo es lo más importante, es clave para establecerla como tal. Puede sonar anticuado tal concepto, pero la obscenidad reina desgraciadamente en la actualidad, y el sexo prevalece sobre el amor. Muchas veces he comentado con amigos que ahora primero te llevan a la cama y después te preguntan tu nombre, y con suerte, tal vez se interesen por verte de nuevo o ni eso. El ser humano se ha vuelto un depredador de sexo, satisfacerse únicamente con y de eso en el prójimo y obviamente despreciar los sentimientos del mismo en busca de su deleite y disfrute, egoístamente con todas las de la ley. No quiero negar que el sexo es una necesidad más, somos todos humanos, yo el primero, y sería hipócrita si renegara de que no le doy importante, pero de ahí a coronarlo como primer escalón de una pirámide por encima de otros sentimientos, hay un gran abismo.

Pero no todo está perdido, la sociedad cambia... siempre hay esperanza. Cada persona es un mundo, no todos somos ovejas modorras que seguimos en masa a otras, sino que tenemos personalidad, voluntad y autenticidad, aunque muchos parezcan haberlo olvidado, ciegos o temerosos de predicarlo por miedo a sentirse excluidos o aislados.

Aun hay quienes que prefieren contemplar el cielo en las noches, buscar constelaciones acompañados, mirar a la Luna y sentir como tocan su alma para escribir poemas y versos inspirados por sus sentimientos, aquellos que otros temen que afloran y reprimen como si les avergonzara. Detalles tan bonitos como un mensaje de buenos días, de "qué estás haciendo", de buenas noches, y otros de la misma índole que relees con una sonrisa tonta en la boca, que no controlas pero que en un día monótono o malo, te lo acaban alegrándolo.  

Relaciones estables, duraderas, donde imperan esos momentos en los que estáis juntos, con complicidad y empatía, sintiendo que sois los nuevos Romeo y Julieta, Calisto y Melibea, amantes que desafían al mundo al estar juntos. Seré antícuado, pero yo me muero por ser uno de ellos.


Pd: Sé que ahora me está dando por escribir demasiado seguido en el blog y espero no abandonarlo del todo en el futuro, al menos pasarme una vez por semana. 

domingo, 5 de octubre de 2014

Capitulo IV: El silencio


El silencio es un arma de doble filo con la que hay que tener mucho cuidado, y la verdad, nunca viene mal ser cauto. 
Por una parte, si no la sabemos controlar, nos puede pasar por encima y por ende, cuesta levantarse; pero por otra, también nos ayuda a adentrarnos en nuestro mundo interior para intentar hallar una respuesta favorable a un suceso, hecho u acción que se nos haya presentado sin esperarlo. 

Sin embargo, navegar dentro de nosotros mismos deja de ser confortable si pasamos demasiado tiempo en ello, el viaje se haría entonces muy largo y no tardaría en llegar la soledad.

A veces uno siente que el silencio es prescindible e inútil si tienes amigos con quien compartir tus ahogos, penas y frustraciones, ya que sólo así puedes recibir consejos que te encaucen a un mejor dominio de tu vida. 

Pero... los silencios son necesarios. Ni la más selecta verborrea logrará equilibrar lo que una pausa. Los silencios se enlazan fácilmente a emociones indescriptibles, que distan remotamente de palabras escudriñadas. 
Silencios que sin esperarlo, dan respuesta a las dudas que carcomen nuestras entrañas, Silencios bienvenidos que nos protegen de agregar palabras que nos conducirán a equivocarnos. Silencios que bien empleados benefician a las relaciones, produciendo lazos fuertes y duraderos.

Y como todo en esta vida, el silencio lastima, hiere y duele como los puñales que utiliza la inquietud.  Silencios que no deberían suceder, aquellos que nos "transmiten" falta de interés e incipientes descuidos, desidias que nos matan lentamente porque percibimos que somos invisibles, inútiles, prescindibles para esos otros que nos "ignoran". Silencios que ceban abrupta y constantemente a las dudas hasta conducirnos a la más horrible de las desesperaciones. 

Silencios incómodos que debes romperlos en cuanto tengas oportunidad y así derrotar al lamento que lleva tras de sí. 
Silencios "escandalosos" donde la situación lo dice todo, relegando a la palabra, Silencios que no nos ayudan, que nos separan. Silencios que no comunican nada...

¿Sabemos pues utilizarlo?

jueves, 18 de septiembre de 2014

Fénix

Dicen que en la adversidad se miden las personas. Hay veces que los golpes son realmente duros y cuesta volver a ponerse en pie, pero finalmente, acabas haciéndolo. Una y otra vez. Antes de ello, pasas por un periodo de recuperación.

Las recuperaciones no son fáciles, suelen doler más que el propio golpe. La gente más cercana puede ayudarte, aconsejarte, entenderte, aliviar la carga que llevas a cuestas… pero en realidad, la recuperación acabas haciéndola tú solo. Una vez hemos pasado ese periodo crítico o de vulnerabilidad por un tiempo, salimos fortalecidos. Si crees que has perdido el tiempo, quizás te equivocas, ya que curar las heridas no es fácil, requiere de paciencia y de tiempo y hay algunas que tardan en cicatrizar. Una vez lo has hecho, es momento de volver a reincorporarte a la carrera. 


¿Quién dijo que iba a ser fácil? Encontrarás obstáculos y vas a tener que sortearlos. Van a ponerte a prueba. Vas a sentir dolor. Ahí es donde tienes que ser consciente de las veces que te has caído y te has levantado, de aquello que anhelabas y has conseguido, de todo aquello que puedes y te queda por conseguir. Inevitablemente una vez has vuelto al terreno de juego, te preguntas donde se había ido la fuerza que tienes cuando te habías caído, te preguntas dónde estabas tú mismo y en verdad no nos hemos ido, seguimos ahí, pero vulnerables solo por un tiempo.

De cada derrota, aprendemos. De cada derrota, somos más sabios. De cada caída, aprendemos a vencer, a superarnos, y una vez más a preguntarnos: ¿Es lo máximo que podemos dar de nosotros mismos?