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jueves, 19 de marzo de 2015

Capítulo IX: No te despidas del amor, solo de quien no te supo amar.

Olvidar no se trata de borrar el pasado de la noche a la mañana, sino de aceptarlo tal como es, sin mezclar sentimientos.
El tiempo se encargará de aliviar gradualmente las heridas, pero entendiendo que por ahora tenemos que seguir recordando escenas del ayer. 
Recordando, sí, y extrañando mucho, pero con el corazón en paz.



Si ya se sabe, "no hay mal que cien años dure, ni cuerpo que lo aguante"



 Piensa en lo que debes hacer, porque si no te mueves tú, nadie lo hará por ti.

  1. Asimila la "nueva" realidad, que sigue siendo prácticamente la misma salvo sin esa persona a tu lado. A veces la desilusión es buena para poner los pies sobre la tierra y no necesitas nada para tener buenos momentos, solo la sencillez y la pureza de tu corazón. No te preocupes, lo que ha llegar, sucederá y le plantarás cara.
  2. Resígnate a la soledad, tiene su lado chulo y puedes conocerte mejor a ti mismo aunque evidentemente sin abusar de ella.  
  3. Convéncete de que eres independiente, fuerte y autosuficiente y por tanto, que no precisas a nadie para que te lo recuerde o sea tu consorte. El camino es más importante que aquello que te llevó a caminar. 
  4. No temas al cambio; lo peor que te puede suceder en la vida es que no te pase nada. No todo tiene que ser perfecto para ser feliz. 
  5. Mira con optimismo al horizonte. El destino es algo que no debes ver, sino más bien crear; empezar de cero no es tan malo, porque cuando comienzas todo de nuevo, recibes una nueva oportunidad para que las cosas salgan bien. Muchas veces la vida no te dará lo que quieres, no porque no lo merezcas, sino porque mereces mucho más que eso.
No voy a frivolizar con el tema "hay muchos más peces en el mar", porque cuando acaba una relación, es lo menos aconsejable para pensar aunque no tienes que despedirte del amor, solo de quien no te supo amar


Y así como surgen deberes, también llegan los errores
  • Pensar en que podréis reconciliaros, donde se incluye perseguirle, acosarle y demás pérdidas de tiempo (y de TU TIEMPO y  TU DIGNIDAD) que conlleva la obsesión de la mano del ridículo. 
  • Adoptar una actitud cobarde y aferrarte a los buenos recuerdos con él, olvidándote paradógicamente de los malos y del dolor que te infringió.
Eso no es más que una resistencia a la soledad y a anclarse al pasado, que no te llevará a ninguna parte. Es doloroso intentar conservar los deseos intactos cuando su protagonista ha cambiado, de igual modo sufrirás más con lo que imaginas que con lo que en realidad sucede.
Nadie puede volver atrás, pero todos podemos seguir adelante; le querrás con todo tu corazón, pero le acabarás odiando con toda tu inteligencia. El peor enemigo serás tu mismo, y cuando lo comprendas, empezarás a ganar la batalla a la cobardía.
  • Lamentarte en exceso... querrás incluso escapar y que nadie te encuentre. La peor forma de extrañar a alguien no es saber si también te extraña, tal vez sea que no se quedó contigo porque le daba miedo darse cuenta de que tú lo querías como él no sabe quererse. Bien puedes llorar, desahogarte, costará superarlo pero aprenderás a soportarlo; nadie te juzgará por eso, pero hasta que no te queden lágrimas y digas "ya está bien, hasta aquí, ya tuviste demasiadas".
La vida es como un rompecabezas, cada pieza tiene un razón y un por qué, no insistas en colocar piezas donde no caben. Sentirás que los días siguen y vivirás la extraña sensación de que son ellos los que te reviven y que tú eres el tiempo que ellos recorren.
  • Liarte con otra persona, "un clavo saca a otro clavo" es la mayor estupidez que puedes cometer porque solo empeorará las cosas, jugarás con los sentimientos de alguien que no tiene la culpa de nada e irás hacia atrás en vez de avanzar. El problema al acabar la relación es que en vez de aceptar que todo terminó, queremos olvidarnos completamente de esa persona y desde luego, este recurso no es lo más acertado.
  • Pretender pasar de EX a "amigo". Cuando alguien te deja, "se supone" que quiere seguir manteniendo la amistad, ya que tu pareja suele ser (o más bien debería ser) también tu amigo, pero a la hora de la verdad no sólo se rompe con la pareja, sino también con el amigo.  La confianza es como un papel, una vez arrugado, no podrá volver a ser perfecto otra vez.


No hay que tener prisa por lograr el olvido, es más, dudo que llegues a desterrarle de tu corazón, se quedará ahí, imborrable, pero su parcela cada vez se acotará más y más hasta ser pequeña, minúscula. Hasta que no vacíes tu alma de todo lo que te atormente, no podrás llenarla de todo aquello que te hará feliz.

Desconfiarás de todo por miedo a que te suceda otra vez; que te rompan el corazón es doloroso, pero no tan malo como crees: muestra que fuiste valiente para intentarlo.  Al final del camino, siempre habrá una luz de esperanza, así que cruza el río o nunca sabrás lo que te espera en la otra orilla.

No te arrepientas de tu pasado, pero sí de la persona con la que perdiste el tiempo: si fuiste feliz con la persona equivocada, ¡imagínate lo feliz que serás con la indicada! Y recuerda que no hay ningún final real, solo hay un punto en el que dejas de contar una (tu) historia en un capítulo y faltan pues muchos más por llegar. 

miércoles, 11 de febrero de 2015

Capítulo VIII: Tenemos que hablar...

He pensado más de dos veces si atreverme a escribir esta entrada dado que es algo reciente en mi vida y tal vez no le de el enfoque desde la distancia que debiera, pero si este blog es personal y es mi opinión, no sé por qué no debería encajar.


Voy a saltarme todo lo referido a buscar a tu pareja, encontrarla y el famoso eslogan del Moulin Rouge que a todos nos ha fascinado ver y sobre todo experimentar "lo mejor que te puede ocurrir es amar y ser correspondido" porque se supone que sucede antes del "Tenemos que hablar". Lleguemos pues a este punto.  Una cosa es que te dejen y otra dejar, yo he vivido ambas situaciones por lo que puedo colocarme en ambos roles. No digo que "el que tome la decisión" no sufra, pero  "el que recibe la noticia" es obvio que le espera la peor parte.

Si una relación va mal, con demasiados altibajos, choques o discusiones, si realmente el "nosotros" que la formamos nos amamos, somos capaces de vencer todo y seguir juntos. Ninguna relación es perfecta, las crisis están a la orden del día y quien niegue eso, apoyándose en lo idílico, sabe que miente.  Aunque la posibilidad de que el otro te diga: "quiero dejarlo" supera el 90% ya te hueles con tiempo que puede suceder; aún así te dolerá, tal vez menos, pero puedes asimilarlo mejor.

La ruptura puede ser vista desde muchas perspectivas, pero en esta entrada me referiré a lo peor: que la idea de cortar venga del otro.
Te pilla de sorpresa, no sabes qué decir ni qué hacer... buscas una explicación, pero a veces la que te otorga pertenece a  las típicas:


"no eres tú, soy yo", 
"me siento agobiado", 
"necesito un tiempo"
o de esa índole que en absoluto te da respuesta. 

Aunque pensándolo bien, ¿en ese estado lo que salga por su boca te reconfortará? Incluso su frialdad para que lo asimiles y la distancia que pone como si fueras un perro sarnoso te hace sorprenderte si realmente conoces a esa persona y si realmente te ha llegado a querer al comportarse y decir lo que has escuchado. 

Se te cae el mundo a tus pies, y sientes como si el tiempo te succionara antes de conocerle o incluso como si despertaras de un bonito sueño, esa persona se va como si nada y sí, te carcomerá el estómago de la rabia si no pierde el tiempo y al día siguiente "rehace" su vida como si fueras un mal recuerdo o como si nunca hubieras existido. Sin embargo, bien es cierto que el cariño que se pierde por decepción, es aquel que nunca vuelve.

En frío, podrás decir: "tú te lo pierdes", "encontraré a alguien mejor"... pero en esos momentos, cuando vives en tu piel aquello, se apodera de ti un estado de dependencia (que luego verás absurdo). Tus planes inminentes con esa persona que hayas ideado con tiempo, ya no están, los días del calendario se quedan vacíos al igual que tu noción del tiempo al desorientarte y encontrar el rumbo.

Esperar duele, olvidar duele, pero el peor de los sufrimientos es no saber qué decisión tomar.