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jueves, 15 de septiembre de 2016

Tiempos difíciles para los soñadores

La realidad nos consume. Nos consume los sueños. Nos arrebata las ilusiones. Nos dibuja un futuro desolador. 

Vivimos en tiempos difíciles para los soñadores. Cuando más soñamos,es durante la adolescencia. Creemos en grandes oportunidades, tenemos grandes objetivos. Tenemos la sensación de que vamos a comernos el mundo y realizar nuestros ideales. A medida que pasa el tiempo, la realidad colisiona contra nuestra arraigadas creencias. Hay gente que desiste en cumplir aquello que se ha propuesto realizar en la vida y otra que no pierde la esperanza. Algunos se consideran realistas, otros, en cambio se consideran soñadores. 

Quizás la capacidad de sobreponernos a todo, esas ansias de triunfar y esa ambición desbordada es algo que no deberíamos perder cuando dejamos atrás la etapa adolescente. No todo es fácil, la realidad está ahí para recordarte que sólo conseguirán los que se propongan aquellos que utilicen eficientemente sus recursos, aquellos que se sobrepongan a los miedos, a los que tengan ganas de luchar. 



No importa lo duro que lo intentes, siempre podrás hacerlo mejor. No importa si las circunstancias no parecen favorables ahora, tendrás que sobreponerte a ellas antes o después. No importa si se ha puesto un obstáculo en el camino que te hace esperar para continuarlo. Cuando no esté, podrás seguir. Caerás mil veces y tendrás que levantarte mil y una. Suena difícil y puede que dé algo miedo pero si no estás asustado,es que tus sueños no son lo suficientemente grandes.

jueves, 23 de junio de 2016

Lucha de leones.

Nos proponemos metas. Tenemos sueños, objetivos por cumplir. A veces se ven bastante claros, y otras, sin embargo, se vislumbran bastante borrosos.

En ocasiones, el camino resulta ser tedioso. Tanto, que nos replanteamos si estamos avanzando por el correcto. Lo cierto es que, ninguna meta que se precie o algo que verdaderamente merezca la pena se torna fácil. Siempre hay obstáculos. Algunos que ni siquiera te habías planteado. Finalmente si aquello por lo que luchas merece la pena, encuentras la manera de sortearlos. 


¿Quién dijo que iba a ser fácil? El mero reto de superarnos a nosotros mismos y a las dificultades que se nos presentan, hacen que nuestra particular y añorada meta se vuelva más atractiva. Las opciones son simples: tirar la toalla o seguir adelante. Es cierto, que hay momentos en los que no las tenemos todas las de ganar con nosotros, pero al final acabamos encontrando la manera de hacerlo, no importa cuánto tiempo necesitemos.

La clave para lograr nuestros deseos está en la perseverancia, en el esfuerzo. Una vez hemos alcanzado la meta propuesta, el valor no se encuentra en la coronación de nuestra particular cima, sino en todo lo que hemos aprendido y como hemos ido evolucionando mientras hemos luchado por ello.

Si alguna vez, te das cuenta de que no es la meta que querías conseguir o no te has convertido en quien querías ser, siempre puedes volver a empezar.

sábado, 10 de enero de 2015

Capítulo VII: Si Morfeo me lo permite...

Suelo dormir poco, dependiendo de mi estado de ánimo o mis circunstancias, apoyo a Leonardo da Vinci con su frase «Dormir es perder el tiempo». No obstante, sí que reconozco que doy mucha importancia a los sueños. 

Curiosamente, es un tema con el que hablo con mi amigo Javi, y aunque la temática de éstos sorprende bastante: los hay comunes, eróticos, ilógicos, surrealistas, absurdos pero también simbólicos y que posteriormente a tenerlos, les encuentro significado, sobre todo aquellos en los que se aparecen personas que no conozco, donde algunas también con el tiempo llego sorprendentemente a conocer... 
¿Casualidad o Causalidad? Nunca llegaré a saberlo...
Aunque no seamos capaces de recordar (todo el argumento de) lo que soñamos, sabemos que lo hacemos cuando dormimos. El misterio de este fenómeno ha sido perseguido por la curiosidad humana desde el principio de los tiempos hasta tal punto que hoy en día parece haber sido desvelado: 
«Soñar es como pensar pero de otra forma diferente al tipo de pensamientos que tenemos cuando estamos despiertos. Lo más sorprendente es que podemos llegar a ser capaces de resolver problemas mientras dormimos».  
Nadie parece negar que los sueños reflejan nuestras angustias o traumas que no podemos expresar conscientemente, cuestiones que nuestro cerebro es incapaz de resolver cuando tenemos los ojos abiertos y que aborda solamente cuando dormimos.  
No obstante, hay otro enfoque más: los sueños nos ayudan a resolver problemas. Si queremos solucionar los enigmas que nos acosan, solo hemos de dormir un rato. Si partimos de la premisa de que los sueños son siempre muy visuales y contienen una linea argumental cuya naturaleza es casi ilógica, rara vez el sueño que recordemos será lógico. (Fuente: Neoteo » Tecnología, todos los días)

Todo se complica con las pesadillas, a las que podemos clasificar como una subcategoría del sueño. Es indudable el contenido emocional o atemorizador de las pesadillas, por lo que no es de extrañar que recordemos su detalles vividos al despertar e incluso a lo largo del día por el gran impacto que provocan en nuestra mente. 
A diferencia de los sueños, éstas tienen como propósito mostrar lo que nos inquieta desde dentro a niveles más profundos. Son el claro indicio de temores que debemos reconocer y confrontar, como si nuestro subconsciente nos diera un toque para que prestáramos atención y dejáramos ya de huir, ignorar o rehusar a aceptar una situación particular de nuestra vida. (Fuente:  Misabueso: Comunidad Interactiva)

El mundo de los sueños es un terreno que magistralmente Freud se encargó de estudiar, solo tengo nociones puramente teóricas o mejor llamadas desde enfoque científico  como lo mencionado arriba (a base de introducción)  y al ser tan inmenso, sería complicado de acotar e incluso resumirse a una entrada de este blog. Por ello lo enfocaré ahora a lo personal o visto de otro modo, a lo práctico o mejor referido a ello como basadas en la experiencia.





Los sueños más recurrentes que he tenido han sido tres:
  1. Caer de un precipicio o de cualquier lugar donde sé de sobra que me haré daño o incluso me mataré. Este suele ser tan "real" que a veces me incorporo rápido, con la respiración agitada y sudando. Justamente antes de llegar al suelo.
  2. Caminar con un pie descalzo por la calle mientras que el otro está calzado.
  3. Serpientes, todo tipo de ellas. No es que me ataquen, solo que mi casa se llena de ellas, la rodean y la invaden. No me hacen daño pero me siento angustiado al tener a "semejantes invitadas" que me retienen como si estuviera secuestrado y todo aquel que intenta entrar a ayudarme o que está conmigo en la casa, sale mal parado...

Haciéndome a un lado de lo ilógico de muchos sueños, porque en el TODO siempre habrá elementos prescindibles, incomprensibles, útiles y significativos, bien es sabido que a lo largo de la historia se han relacionado a los sueños con el mundo de los espíritus o el Más Allá  convirtiéndose en su  medio de contacto. No os debe extrañar tal afirmación si habéis leído antes el Capítulo III: ¿Qué pasa cuando morimos?, donde enfoco tal tema con el Más Allá y me sirvo de él para explicar mi perspectiva o creencia.

A donde quiero llegar es que defiendo la teoría de los sueños premonitorios. No creo ser la única persona que ha sabido lo que iba a suceder con horas, días, semanas o meses previos. No me considero vidente, pero es un fenómeno extraño que apoyo porque lo he experimentado. No hay más.

Vinculado a esto último y a diferencia de lo que se crea sobre que los déjà vu, sobre si existen en realidad o la explicación científica de que solo son "impresiones", me inclino a favor de que son "sueños olvidados que viven en mi estado de vigilia".  

Si bien he dicho que somos incapaces de recordar todos nuestros sueños de una noche (donde según se dice, tenemos demasiados y son inconexos entre ellos), el déjà vu es el ejemplo raro de que se quedan tatuados, grabados, anclados, como vosotros lo queráis llamar, en nuestro mundo onírico. 


Mientras que algunos sueños que etiquetamos de relevantes (y sea por la cuestión que sea sí recordamos frente a otros) se convierten en premonitorios y por tanto, no es fácil "dirigirnos" a ellos... los déjà vu por el contrario, parecen conducirnos a un camino más largo que seguir hasta llegar a ellos, ya que al no estar "frescos" tales recuerdos del sueño, tenemos evidentemente esa sensación de que vemos algo por segunda vez pero al estar "desprevenidos" mostramos una sensación de sobrecogimiento, extrañeza o rareza.
Obviamente, si la experiencia que ocurre en ese momento no nos suena, es que es nueva y por tanto, ni nos sobrecoge, ni nos extraña ni la vemos rara, pasará desapercibida porque se unirá a los recuerdos que vivimos cada día, volviéndose insignificante e incluso con el tiempo, irrelevante y olvidada.

A modo de conclusión, siempre defenderé que el universo es demasiado inmenso para poder reducirse a la explicación de un mero mortal... nuestro afán de clasificar y etiquetar todo, reducirlo a la lógica, es una idea absurda que deberíamos asumir y dejar de engañarnos. Los sueños entran en ese grupo, deberíamos dejarlos ser, y cada cual que los interprete como quiera, ya sea el contenido de los mismos o el significado que les otorga.