viernes, 8 de enero de 2016

La generación que pedía permiso a los padres; y pide permiso a los hijos

Me encontré con este escrito y me llamó tremendamente la atención, ya aviso que no es mío (abajo dejaré el autor y la referencia a la fuente) pero si lo he incluido en el blog ha sido porque puede hacernos reflexionar. Ya aviso que si estoy espeso de ideas y veo algo que a mi juicio, merezca la pena compartir, lo traeré pese a no ser de mi cosecha.

Siempre se ha dicho que cuando se mire al pasado, solo debe hacerse para extraer lecciones de la experiencia, y la diferencia de generaciones está muy involucrada hasta tal punto de chocar y ser irreconciliables, en apariencia.

Hay que llamarlos varias veces en la mañana para llevarlos a la escuela. Se levantan irritados, pues se acuestan muy tarde hablando por teléfono, viendo tele o conectados a la Internet. No se ocupan de que su ropa esté limpia y mucho menos ponen un dedo en nada que tenga que ver con 'arreglar algo en el hogar'. 
Idolatran a sus amigos y viven poniéndoles 'defectos' a sus padres, a los cuales acusan a diario de “sus traumas”. No hay quien les hable de ideologías, de moral y de buenas costumbres, pues consideran que ya lo saben todo. Hay que darles su 'semana' o mesada, de la que se quejan a diario porque -'eso no me alcanza'-. Si son universitarios, siempre inventan unos paseos de fin de semana que lo menos que uno sospecha es que regresarán con un embarazo, cayéndose de borrachos o habiendo fumado un churro de marihuana.  
 Definitivamente estamos rendidos y la tasa de retorno se aleja cada vez más, pues aún el dí a en que consiguen un trabajo hay que seguir manteniéndoles. Me refiero a un segmento cada vez mayor de los chicos de capas medias urbanas que bien pudieran estar entre los 16 y los 24 años y que conforman a la ya tristemente célebre Generación de los NINI’S, que ni estudian ni trabajan, ó estudian y trabajan con todo el pesar.  
 ¿En qué estamos fallando? Para los nacidos en los cuarenta y cincuenta, el orgullo reiterado era que se levantaban de madrugada a ordeñar las vacas con el abuelo; que tenían que limpiar la casa; que lustraban sus zapatos; algunos fueron limpiabotas y repartidores de diarios; otros llevaban al taller de costura la ropa que elaboraba nuestra madre o tenían un pequeño salario en la iglesia en donde ayudaban a oficiar la misa cada madrugada.  
Lo que le pasó a nuestra generación es que nosotros mismos “elaboramos un discurso” que no dio resultado: '¡Yo no quiero que mi hijo pase los trabajos que yo pasé!'. Usted por que tiene lo que tiene…? Pues por que le costó su esfuerzo… muchos sacrificios, y así es que aprendimos a valorar los esfuerzos de nuestros padres al ”ver y compartir” su esfuerzo, en lugar de “ocultarlo” y aparentar que todo es “color de rosa” en la vida. Sin embargo, nosotros acostumbramos a nuestros hijos a recibir todo por obligación.  
 Nuestros hijos nunca han conocido la escasez en su exacta dimensión, se criaron desperdiciando, a los 10 años ya han ido a Disney World dos veces, cuando nosotros a los 20 no sabíamos lo que era tener un pasaporte. El 'dame' y el 'cómprame' siempre son generosamente complacidos y ellos se han convertido en habitantes de una pensión con todo incluido, (TV, DVD, Equipo de sonido, Internet y comer en la cama, Recogerle el reguero que dejan por que siempre se les hace tarde para salir, etc…) y luego pretendemos que nuestra casa sea un hogar… o exigimos o preguntamos, por que nuestros hijos se aíslan, no comparten con nosotros, ya que cualquier cosa es mejor que sus padres o una actividad familiar.  
 Quien les suministró todo eso a nuestros hijos…NOSOTROS MISMOS, SOLITOS Y SABIENDO QUE NO ESTABA BIEN. Al final se marchan al exterior a la conquista de una pareja y vuelven al hogar divorciados o porque la cosa 'se les aprieta' en su nueva vida. Los que tienen hijos pequeños, pónganlos los domingos a lavar los carros y a limpiar sus zapatos… a ganarse las cosas. Un pago simbólico por eso puede generar una relación en sus mentes entre trabajo y bienestar. Víktor Frankl dice que “lo que hace falta es educar en el amor al trabajo (creativo)”. La música metálica, los conciertos, la tele, la moda y toda la electrónica de la comunicación han creado un marco de referencia muy diferente al que nos tocó, y ellos se aprovechan de nuestra supuesta des-información para salirse con la suya; ya que ahora los patos le tiran a las escopetas, pues ahora somos padres ignorantes con hijos informados –mal- pero con información al cabo. Será cierto que: 

“Somos la generación que pedía permiso a los padres; y pide permiso a los hijos...?”  
 Estamos forzados a revisar los resultados, si fuimos muy permisivos o si sencillamente hemos trabajado tanto, que el cuidado de nuestros hijos queda en manos de las domésticas maestros, y en un medio ambiente cada vez más deformante y supuestamente por nuestro cargo de conciencia de no tener mucho tiempo con ellos, subsanarlo con cosas materiales. NUNCA ES TARDE PARA CAMBIAR.

Fuente: Sandrino de la Selva, ¿Estamos criando vagos? 

miércoles, 11 de noviembre de 2015

Tribus Urbanas

En los últimos tiempos se ha desatado una modalidad entre los adolescentes de agruparse en lo que denominamos “Tribus Urbanas”, agrupándose por el tipo de personalidad que se refleje. 

Sin la más mínima intención de juzgar a nadie, quiero hacer una breve reseña de las tribus más populares: 

Los Emo: un grupo de adolecentes que aparentemente odian todo de la vida incluyéndose a ellos mismos. Por lo general los Emo han tenido una infancia traumática y dolorosa, viviendo tristes escenas de maltrato de sus padres, han vivido un divorcio espeluznante o han sufrido la muerte de alguien querido. 

Los Emos se distinguen por el uso de ropas de color oscuro, preferiblemente negra, delineador en los ojos de color negro, y uñas color negro. Cabello largo, uso de percings en cualquier lugar del cuerpo. 

Si un Emo se enamora podría convertirse en peligroso, ya que predican que son capaces de dar su vida por amor, idolatran esa persona y la saturan de llamadas y visitas. De ahí el término “Emo love”.  
Los Nerds: son un grupo de adolescentes que son extremadamente estrictos con ellos mismos, son perfeccionistas y solo viven el futuro, no el presente, ellos se preocupan bastante por sus estudios, se trazan metas y se esfuerzan para alcanzarlas. 

Todo parece ser perfecto, pero los Nerds no viven la vida, no suelen divertirse, su característica es siempre formales, uniformados perfectamente, visten casi igual siempre, no tienen sentido de la moda ni de la comodidad. 

Dicen que no les interesa relacionarse con el sexo opuesto, alegando que no tienen tiempo para problemas personales.

Los Deportistas: son aquellos que les encanta el deporte, obviamente practican un deporte y lo hacen el centro de su vida. Suelen ser my tercos y egocéntricos, sin embargo se colocan metas y siempre las llegan a cumplir. 

También son muy sociables. Su vestimenta es siempre a la moda y son juguetones, pero a la vez formales. 

En el amor son muy superficiales y les encanta impresionar a as chicas. 

Los Artistas: son música, viven con la música, ellos siempre cargan con su ipod o mp4 les encantan escuchar música y tararearla.

Generalmente tocan un instrumento musical, pero también suelen ser buenos en pintura, animación, video o cualquier vertebra del arte.

Siempre inventan algo nuevo, son muy creativos, pero a la vez supersticiosos. Su vestimenta es única, crean su propio estilo. 

Suelen ser románticos y creen en el amor eterno, no olvidan a su pareja fácilmente pero pueden llenar el vacío con otra sin ningún tipo de remordimiento. 



Pero estos cuatro tipos de tribus pueden derivar todos tantos que son mezcla de uno y de otro, de manera que podemos encontrar a alguien que sea producto de alguna combinación. Por ejemplo, mi amigo Javier es: 60% Artista, 20% Deportista y 18% Emo y 2% Nerd. 

Si un adolescente es resultado de una combinación de Emo y Artista es llamado Punk. 

La lista es muy diversa, lo importante es que cuando decidas unirte a una tribu, lo hagas convencido de que es lo que quieres reflejar y no lo hagas por complacer algún amigo.

martes, 13 de octubre de 2015

Ser adulto está sobrevalorado

Es una contradicción pero, cuando somos pequeños y estamos viviendo nuestra más dulce infancia alejados de la realidad cotidiana queremos ser mayores, queremos hacer lo que vemos que los adultos hacen mientras que a medida que crecemos, deseamos poder volver atrás y no tener tantas preocupaciones o problemas que enfrentar. 

Ser adulto significa tener una serie de responsabilidades que antes no tenías. Esto hace que sea muy apetecible volver al tiempo en el que aprendías a montar en bici o en la que una de tus mayores preocupaciones era que iban a regalarte el día de tu cumpleaños. 



Sí, ser adulto está sobrevalorado. No te engañes porque no tengas a tus padres diciéndote que hacer o por no tener que rendir cuentas a nadie por tus acciones. Lo que da más miedo de las responsabilidades es que si te equivocas o no cumples las expectativas,puedes estropearlo todo.

Una vez hemos pasado la época de fascinación por todo lo nuevo,la responsabilidad se adhiere a nosotros mismos como si piel se tratara. No podemos huir,o alguien nos hace comprender o sufrimos la consecuencias. Seguimos con nuestro proceso de aprendizaje toda la vida y a medida que pasa el tiempo nos enfrentamos a retos distintos. 

A pesar de ello, la madurez tiene sus ventajas. Si de pequeños queríamos descubrir todo aquello que nos rodeaba,cuando somos adultos somos capaces de ver cosas que antes no podíamos ver.

lunes, 17 de agosto de 2015

Las despedidas nunca son fáciles

Conforme crecemos, todo se complica más. Tenemos que lidiar con situaciones que jamás hubiéramos imaginado. Tenemos que tomar decisiones, tenemos que elegir. Cada elección significa renunciar a algo. Establecemos un orden de prioridades. Elegimos una opción y renunciamos a otra.

Para conseguir aquello que queremos, debemos hacer sacrificios. Algunos parece que son mínimos, otros sin embargo, duelen de verdad. Llega un momento en el que llegas a preguntarte si dicho sacrificio para alcanzar aquello que anhelamos merece la pena. Y todo se reduce a seguir añorando aquello que hemos dejado atrás, o seguir adelante.


Con las personas sucede algo parecido. Durante nuestra vida se conforma una pasarela de gente que desfila por ella, algunos para irse, otros para quedarse, o simplemente para aprender algo de ellos. Lo complicado, es tener que decir adiós a personas que nos importan de verdad.

Hay momentos en los que no hay vuelta de hoja, en los que por mucho que te duela, tienes que saber decir adiós. Tienes que aprender a pasar página. Nadie dice que sea fácil. Las despedidas duelen y en un primer momento dichas personas se llevan parte de nosotros. Con el tiempo, acabas quedándote con lo que has aprendido o todo aquello que te ha aportado dicha persona o situación. Otras veces sin embargo, te das cuenta de que hay despedidas que son necesarias y que hay otras, que ni siquiera podemos evitar.

jueves, 2 de julio de 2015

Un genuino libro en blanco

Si nuestra vida fuera un libro podríamos dividirla en numerosos capítulos. Si fuera así, habría capítulos para recordar y otros que quizás nos gustaría arrancar o que simplemente desearíamos que no se hubieran escrito. 

En cada etapa de nuestra vida hay cambios que generalmente están marcados por grandes sucesos. Momentos que marcan un punto de incisión entre el día de hoy y el de mañana. El día en el que te marchas de casa dispuesto a cumplir un sueño, el día en el que te gradúas, el día en el que te enamoras... Y todo cambia en cuestión de segundos.


Los mejores cambios llegan en pequeños momentos, cuando nos paramos y vemos quiénes somos. Cada vez que echamos la vista atrás y observamos lo lejos que hemos llegado, también vemos aún lo lejos que podemos llegar. Para poder cambiar completamente, puede que necesitemos liberarnos de todo a lo que nos aferramos y nos impide seguir adelante. Enfrentar a nuestros miedos día a día y avanzar para sí conducirnos por un nuevo camino. El correcto. 

Si un día despiertas y te das cuenta de que la persona en la que te has convertido no es la persona que quieres ser... Siempre puedes volver atrás e intentarlo de nuevo, reescribiendo un nuevo capítulo.

jueves, 18 de junio de 2015

Capítulo XI: ¿Confundimos la nostalgia con la melancolía?

Nunca he tenido un mal concepto de la nostalgia, nada tiene de malo rememorar momentos pasados que sabes que no van a volver, y a la vez disfrutarlos. Por ejemplo, puedes recordar tus juguetes cuando eras niño y echarlos de menos así como lo poco que te preocupaba cualquier cosa en esa época.  No sientes nostalgia de las cosas malas. 

En cambio la melancolía se codea más con el "sentimiento de pérdida" y hasta se ha considerado una enfermedad. Según la teoría de los cuatro humores propuesta por Hipócrates, su exceso provocaba un comportamiento abatido, apático y un manifiesto sentimiento de tristeza. De aquí se demuestra que es autodestructiva, una perversión de los recuerdos, donde no todos son buenos.

Rememoras una época, te deprimes y te regodeas en lo malo, solo que lo más grave es que te hieres a ti mismo y eres incapaz de avanzar. 

No obstante, solemos confundirnos por tanto, en el sentido de definición de nostalgia como "tristeza melancólica" y visto así, sí que van interrelacionadas, incluyéndola. 

Si bien es cierto que la nostalgia tiene ese punto perverso que se sirve de lo que era malo para convertirlo en bueno, también posee otro horrible, que transforma "fallos" en "momentos a los que quieres volver" gracias a la desmemoria y al paso del tiempo.  Sin ser explícitamente negativa como la melancolía, se adueña del deseo de avanzar y cambiar, y por consiguiente, nos anula aunque su poder es afortunadamente más leve. 

Aun así, debemos tener claro que mientras la nostalgia va más encaminada a "añorar algo perdido" y  hace hincapié en un pasado perdido, la melancolía se "regodea en la pena de aquello perdido" que siempre tiende a ser algo muy reciente.

Suena en el Boomerang:
Taylor Swift - Everything Has Changed ft. Ed Sheeran

martes, 5 de mayo de 2015

Exposición mediática

La intimidad es el aspecto más personal, reservado y privado de una persona. Es la esfera personal de cada uno dónde habitan nuestros valores además de ser un ámbito reservado a la curiosidad de los demás. Es difícil vivir con ella,e imposible vivir sin ella. 

Tenemos derecho a protegerla como quién protege un pequeño tesoro. Tenemos derecho a decidir qué es lo que queremos compartir,con quién,cuándo y hasta donde. Por supuesto, tenemos derecho a protegernos de las invasiones de nuestra intimidad.

En una sociedad de la información en la que vivimos en un constante intercambio de información,la intimidad ha perdido sentido para algunos y ha sido más apreciada por otros. 



El problema de la exposición mediática de nuestras vidas es que llega un momento en el que nos quedamos vacíos por dentro,corriendo el riesgo de perder incluso, nuestra propia identidad.  No tener intimidad, supone que la información que compartimos pueda ser tergiversada por otros para hacernos daño o para sacar un beneficio.Tener intimidad implica una gran responsabilidad,ya que somos nosotros mismos los que debemos fijar sus límites.