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jueves, 20 de octubre de 2016

El corazón de guerrero

En la Edad Media, los guerreros defendían grandes fortalezas, luchaban guerras por su patria o protegían a su amor verdadero. 

Enfundados en una gran coraza metálica y con espada en mano estaban dispuestos a adentrarse en beligerantes batallas. Con la coraza evitaban, protegiendo su cuerpo de cualquier contacto, un trágico final. 


Aunque los tiempos hayan cambiado, las personas seguimos utilizando corazas aunque sea distintas a las que utilizaban los guerreros por entonces. Nacemos inocentes,ingenuos, ilusos. A medida que nos hacen daño,construimos corazas. Corazas impermeables al dolor pero también al amor y a las cosas buenas que con ella no nos permitimos disfrutar. Una coraza,un muro,una venda. Al fin y al cabo todas cumplen la misma función: Protegernos. Pasamos dolor y así nos protegemos, con una gran coraza de la cual creemos que va a mantenernos sanos y salvos, ajenos a cualquier tipo de daño. 

Es normal que tras una mala experiencia,nos enfundemos en ella durante un tiempo. Las corazas son buenas para determinados momentos en los que necesitamos reponernos y recuperar la confianza perdida,pero solo eso,por un periodo de tiempo. Llevar una coraza siempre pesa demasiado,y al igual que con ella no traspasa el dolor tampoco traspasarán muchas cosas que nos producen felicidad.

domingo, 11 de mayo de 2014

¿Es la vida que queremos vivir?

Hay momentos en nuestra vida que la rutina nos consume. Estar inmersos en hábitos adquiridos en los que hacemos las cosas sin pensar acaba por hacernos mella. De alguna manera, la rutina nos impide darnos cuenta, ser conscientes del ahora, del momento en el que estamos viviendo. Es entonces, cuando deseamos el cambio.

Dichos cambios, normalmente suelen estar marcados por grandes acontecimientos pero los mejores cambios, llegan en pequeños momentos. Los mejores cambios llegan, una vez paramos y vemos quienes somos. Aquellos importantes, aquellos que te pusieron a prueba. Aquellos que hicieron de ti alguien grande. Esos que te hicieron vulnerable por un tiempo, pero que finalmente te hicieron más fuerte. Esos, que te hicieron humano.


Cuando la sensación agobiante de la rutina nos agobie, es el momento de reflexionar y decidir. ¿Es esta la vida que queremos vivir? ¿Apostamos por la persona equivocada? ¿Es el momento de dejar atrás aquello que nos está haciendo daño? ¿Podemos esforzarnos más? ¿Podemos hacerlo mejor?

Una vez somos conscientes de aquello que queremos cambiar de nuestra vida, es el momento de echar la vista atrás solo un momento. Todo ello, para mirar lo que hemos conseguido hasta entonces, y volver a mirar hacia adelante, ver todo aquello que nos queda por conseguir, y finalmente seguir nuestro camino.